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Abuelas Ninja

Por   /  08/08/2015 

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Alba Novoa

Alba Novoa

Os tengo fichados. A todos y cada uno de los que os pasáis por delante de mi puesto de libros. En serio. Detrás de mi sonrisa forzada y mi mirada amable (los años de arte dramático valen para esto, para ser dependienta, porque las ganas de tirar un librazo a la cabeza de alguno no son fáciles de ocultar sin Stanislavski y compañía en la mochila), os estoy haciendo un escáner que ríete tú de los aeropuertos de las grandes ciudades. Al cajero del Mercadona, a la del kiosko, a la de la tienda de ropa, a todo Jaén (os deberían dar un premio a los turistas más fieles, ni un fin de semana faltáis), a los nativos del pueblo (se os nota por mucho que forcéis el acento. Las ‘z’ salvajes no se dejan esconder), a los padres primerizos, a los que vinieron el año pasado como padres primerizos y vuelven este año como divorciados primerizos, a los guiris, a los abueletes de por la mañana, al señor que me saluda en un idioma distinto cada día y a su nieto el buenorro (tú, vuelve, que no he apuntado bien tu matrícula. Es para que no te multen los de la O.R.A, no para perseguirte. Mua).

Pero hay un colectivo que siempre he tenido especialmente enfilado. Tan queridas por sus nietos, tan odiadas por dependientas como yo: las abuelas. Atención que hablo en femenino. Son ellas. Esas a las que le importa un pepino si estás leyendo, estudiando, escribiendo, haciendo pis, cenando tu bocadillo de mortadela o desmayándote por el calor. Esas que te llaman como si fuesen señoronas de abrigo de visón en el Corte Inglés desde la otra punta del puesto. No te llaman, te chistan como a los perricos. Ni perdona ni ostias, ellas son abuelas y no tienen por qué pedir permiso.

No les importa que los de protección civil te estén reanimando e hidratando por vía intravenosa. Que te levanten del suelo, hombre, que tú ahí no estás para desmayarte, estás para atender. Con media consciencia mal recuperada, te levantan entre socorristas y ATS y emites un mugido digno de vaca (‘Dígame, señora’) que la abuela en cuestión entiende perfectamente porque la carnicera de su pueblo habla muy parecido. ‘Mira niña, si me llevo tres de estos, ¿me haces precio?’. Mugido negativo por tu parte. ‘Pero, bonica…’, insiste ella con tono de pena, ‘…si son muchos, ¿no me haces el favor?’.

Abuela2

Imagen: http://dibujosdelapen.blogspot.com.es/

Y aquí viene lo peor. Que tú estás muriendo, desfalleciendo tras el mostrador y la cara de gatito que te pone la abuela te hace pensar en que lo que te está pasando no es más que karma anticipado. Que te viene la ostia antes de lanzar la energía negativa al universo porque no se ofende a una abuela de esa manera, vaya.

Miras a la abuela y le pides los libros. Cuando los coges, su expresión vuelve a ser la de señorona de peletería. Miras el precio. Miras a los ATS, que te cogen más fuerte mientras te piden encarecidamente que no hagas lo que estás a punto de hacer. Les pides tú a ellos que te suelten. Te tambaleas, pero le devuelves los libros a la señora.

‘Señora, no’. Todos se llevan las manos a la cabeza. Uno de los enfermeros llama a la UVI móvil por el botón rojo silencioso de emergencia. ‘Los libros cuestan un euro cada uno, aquí no hay precio que valga’, le dices. En ese momento temes por tu vida. ¿Cogerá un libro y me lo tirará a la cabeza? ¿Me pegará con el carrito de la compra? ¿Desde cuando comenzaron a cotizarse tan alto los ‘pinta y colorea’? Oiga, señora, que si su nieto es el próximo Kandinsky, yo le regalo el libro y que me lo traiga de vuelta coloreado. Pero intuyo que no lo es porque lo de insultarle a una farola mientras le pega patadas es de tener poca sensibilidad.

Justo entonces, cuando ves que la muerte se acerca a ti por momentos, aparece tu salvador. Y no es otro que el vendedor de cupones. No podía ser de otra manera. La abuela saca tres euros y te paga con una mano, mientras con la otra (a la vez, tienen ese superpoder) saca una ristra de cupones sin comprobar. El vendedor de cupones intenta huir, pero la abuela corre más. Y se aleja de tu plano de visión mientras escuchas ‘¿Soy rica ya? ¿No? ¿Y con este? ¿Soy rica ya?…’

Se aleja.

O quizás te han pegado un bastonazo y no te has dado cuenta.

Así son las abuelas ninja.

Alba Novoa

http://albanovoaf.wix.com/albanovoaf

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