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Dos Mundos

Por   /  08/08/2015 

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Drusila

Drusila

“La actual cultura es una especie de arrogante advenedizo, llega a la escena planetaria siguiendo otros actos que han tenido lugar durante cuatro mil quinientos millones de años, y después de echar un vistazo a su alrededor, en un par de miles de años, se declara en posesión de verdades eternas” Carl Sagan

Tantos mundos posee dentro del cráneo nuestra especie como representantes de la misma moran en la tierra.
Es mas, el centro mismo del universo se encuentra en el punto más alto de la testa de cada individuo, incluidas las de los astrónomos que lo buscan con más entusiasmo que sentido común.
Sin embargo, existen dos mundos en particular que destacan, polarizados y antagónicos, en constante pie de guerra y también canivalizandose a si mismos.

Uno es pragmático, objetivo, realista a ultranza. En su territorio cada pieza debe encajar perfectamente o es apartada para nuevo examen meticuloso, ciencias, rigor académico, búsqueda incansable de respuestas causas y consecuencias.
Rebosante de infinitos protocolos a seguir para cementar cualquier fenómeno e incorporarlo dentro de sus prolijas fronteras.
Sus grandes errores son dar por sentado el último descubrimiento como verdad absoluta, al punto de convertirlo en dogma, si es erróneo pasa demasiado tiempo revertirlo.

En el otro, todo se basa en creencias. Aquí el dogma es la respuesta única y sin previa revisión a todas las preguntas.
Utópico, fantástico, onírico, debería ser el mundo más pacífico, pero no.
Este en especial se dedica a fragmentarse y devorarse la cola, ha brindado perlas enormes como regurgitadas por un kraken (puede ser un molusco ¿porque no?) a la corona de la estupidez humana.
Para mencionar algunas, recordemos las cientos de guerras despiadadas en nombre de tal o cual dios, en realidad toda guerra se origina en causas económicas, pero siempre es bueno presentar un dios que la legitime.

Los enemigos terminan pareciéndose, decía un gran escritor, y esa si es una verdad.

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En las frecuentes colisiones de ambos mundos, sus bandos demuestran la misma terquedad, intolerancia, falta de respeto, y, con el perdón de los científicos, fanatismo ciego.
Ambos enarbolan verdades absolutas con la misma soberbia.
Pocos reflexionan que la ciencia de hoy fue la magia del ayer, salvo los extravagantes escritores de ciencia ficción, quienes por cierto, navegan cómodamente en la Estigia tumultuosa que separa estos territorios.

El mundo de la ciencia ha sido, hasta ahora, el más productivo para nuestra raza, al punto de que somos quienes somos gracias a el.
Pero, tampoco se lleva ningún premio a la bondad y buenas intenciones, sobrados están los casos en los que la ciencia dio una respuesta falsa con los consecuentes desastres que lo padecieron no solo la raza humana, la naturaleza misma fue afectada.
Sin embargo, el mayor peligro del mundo racional es volverse irracional defendiendo sus posturas, allí se abre una brecha donde se cuela la superstición propia del mundo antagónico con sus falsos apóstoles de pseudo ciencias que lucran con la prolijidad de un erudito en matemáticas.

La arrogancia se nota fácilmente, y genera rechazo.
Los escépticos harían bien en tomar nota que la magia habilitó a la ciencia, y los crédulos en entender que muchos están vivos para ejercer su fe gracias a la ciencia.
Nadie puede arrogarse el poder de la razón absoluta en temas que escapan al pensamiento humano, es posible que seamos una bolsa de piel conteniendo químicos de pronta caducidad, y también es posible que seamos materia y espíritu, que, al liberarse de la carne vaya a una luz.
Todo, absolutamente todo es posible, hasta que el mismo Odin se ría de nosotros a la mesa de su eterno banquete, o que vengamos de la nada y a la nada vayamos.
Nadie, ni el mas eminente científico o religioso puede asegurar nada, porque nadie sabe nada.

Investigar y creer, no son tan antagónicos como quieren hacerlo parecer, las creencias generan investigación, el escéptico, aquel que solo cree en lo que ve o en lo que esta fehacientemente estudiado, cierra su imaginación, uno de los pilares del capital humano.
Aquellos que profesan auténtica fe tampoco deben esperar milagros, el famoso “si dios quiere” o “porque lo quiso dios” cierra inmediatamente la vista a las verdaderas maravillas que se despliegan ante quien quiera verlas, y darle la responsabilidad de los avatares de la vida a una una deidad que quiere o decide, es lisa y llanamente la cobardía de no asumir las culpas. Además de la desagradable auto complacencia de proclamar a un dios atento a las necesidades del creyente.

El respeto debería ser el primer mandamiento en religión y ciencia, quien piensa distinto no debe ser inmediatamente descalificado desde púlpitos o atriles. La razón es que no es ético hacerlo, y por si no fuera eso bastante, es claro que trae mas trastornos que beneficios.
En una era donde la intolerancia se combate con fuerza, paradójicamente crece como mala hierba. Porque hay intolerancias políticamente incorrectas, y otras parecen no pertenecer al mismo escalafón.
Señores, bajen la soberbia, miren al llano que esta confundido entre la metralla cruzada de ambos mundos.

Sonia Drusila Trovato Menzel

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