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Efecto Mariposa

Por   /  10/10/2015 

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Por un clavo se perdió un reino.

Por una herradura se perdió un caballo, por un caballo se perdió un general, por un general se perdió una batalla, por una batalla se perdió una guerra, por una guerra se perdió un reino.

Por un clavo se perdió un reino.

Cuando los hechos se suceden y se pueden analizar en perspectiva, siempre y cuando se tenga conocimiento de las secuencias, es por demás interesante descubrir un detalle nimio, en su momento intrascendente, encadenado con otro, y otro, que termina provocando el desenlace.

Muchas historias por demás complejas comienzan con un metafórico “clavo”.

También se suele utilizar como ejemplo para esta cadena sin fin: El Efecto Mariposa. Con un toque poético, se refiere a que si una mariposa bate sus alas en algún punto del planeta, quizá, un vendaval se desate en otro muy distante.

Sin meternos en posibles asuntos meteorológicos, que están fuera del comentario aquí, podemos tomar la metáfora para cuestiones de conductas o situaciones que competen al hombre.

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¿Cuánta gente ha nacido gracias a un detalle?, una pastilla anticonceptiva olvidada, un encuentro casual entre casi extraños, un apuro, unos tragos de más. Difícil es saberlo, pero, reflexionando un poco la cifra sería impactante.

Igual, ¿Cuántas muertes se produjeron por un detalle?, un palillo en un trozo de carne, una araña dentro de un coche en una carretera, un remache flojo, una copa de más bebida por un médico.

Y ese detalle provoca, por ejemplo, que una persona exista, o deje de existir, por tanto interactúe o no con otras, provoque a su vez otros detalles que suman a los detalles ya fijados aleatoriamente por casualidades.Y he ahí la palabra, casualidad.

Es algo un poco molesto reconocer que las historias personales más trascendentes no han sido producto de una sesuda meditación, de tomas de decisiones, ni nada parecido.

Yendo hacia atrás, cualquiera con conocimiento de ese pequeño acto puede encontrar en él, un disparador.

No solo es molesto, en el fondo asusta.

Entender que un momento, un accidente, es causa y efecto, origen y producto de toda una vida, o de toda una muerte.

Es un disparador en tensión, presto a soltarse con un halo de brisa.

Obviamente asusta por no tener la mínima posibilidad de intervenir, la casualidad, el destino, o como se quiera llamar, es algo que al hombre se le escapa totalmente.

No importa la cantidad de dinero acumulado y los proyectos a realizar, no importa los conocimientos, ni la fama, nada que en determinado instante, desate lo no planeado.

Por eso, cuando se observan ilustres personajes blandiendo machetazos de poder, trepados a tarimas de decisiones que afectan a cientos, o miles de personas, uno no puede menos que divertirse secretamente ante esa exhibición de ambiciones que, literalmente, penden de un hilo. Nadie en esta tierra, ni el gobernante de imperios, ni el mendigo tienen la facultad de prever y tomar medidas para impedir que, a partir de lo intrascendente, su vida se vea afectada.

Sonia Drusila Trovato Menzel (Ilustración y texto)

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