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Mocos congelados

Por   /  16/08/2015 

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Alba Novoa

Alba Novoa

Hace frío.

Me cago en todo ya, voy a escribir un artículo sobre el frío que hace y lo guay que es el frío.

Perdonad que me emocione, pero es que justo en el puente de agosto hace frío y viento.

Esta última frase, que parece ser una simple afirmación banal y sin interés alguno para nadie (y yo que lo entiendo), tiene mucho sentido para mí.

Me emociono toda porque, primero: he involucionado. He retrocedido en mi evolución de Pokemon, Digimon, Invizimal o Troll evolucionable. Y menos mal, porque no me gusta mi próxima vida kármica – me toca ser la Fontana di Trevi. No por lo bella, si no por el agua que echa. Me he tirado todo el verano sudando cual pollo mientras trabajaba (y trabajo, supongo que por fortuna) frente a la playa. He bebido tanta agua hasta el día de hoy que los de Lanjarón me han llamado para patrocinarme el puesto de libros. He sudado tanto y a chorros tan exagerados que me he tenido que instalar mini limpiaparabrisas en las gafas y no me he
rapado porque iba a parecer una alcachofa de ducha al revés. Creo que he batido el récord de duchas en un día. Vaya, que este verano no me he hecho medusa (tengo veneno por las venas. Si queréis veneno porque queréis morir, me lo digáis por favor) porque no cabían más en la playa.

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Segundo: Hace aire. Viento. En cuanto me recoja mi madre, voy a sacar la cabeza por la ventanilla, Y QUE SE ME CONGELEN LOS MOCOS, QUE ME DA LO MISMO. ¿Qué se me vuelan los libros? No pasa nada, cultura gratis, que hace falta (si leen esto mis jefes, es mentira, tengo cuidado de que eso no pase). La cuestión es que vuelvo a tener la certeza de que sigue existiendo oxígeno en el planeta Tierra, tras largas semanas en las que empezaba a creer firmemente en que la falta de corriente iba a desembocar en la desaparición de la gravedad de un momento a otro. Y de los castillos hinchables, que pasarían a ser inutilizables (AHÍ ESTÁ LA TRAGEDIA VERDADERA).

Tercero: No hay calor tropical para vosotros, puenteños (que no puñeteros). Soy mala, cruel e injusta, lo sé (soy consciente, que es peor). Estoy harta de gente borde que viene a comprarme libros como si fuera aquello la FNAC. ‘Perdona, ¿tienes libros sobre la relación de Darwin con el mundo de la física cuántica?’ ‘No, lo siento’. Me siento. ‘Chica, ¿tienes el libro ese del viento de Sifón?’ ‘¿La sombra del viento de Zafón?’ ‘Ese’ ‘No’. Me siento. ‘Oye, ¿tienes el libro de Grey?’ ‘NO, JODER, NO. NO TENGO EL LIBRO DE GREY DE DIOS. ¿NO LO ENTENDIÓ EL AÑO PASADO?’.

Entendedme, es que me hacéis levantarme y sentarme más que a un militar. Y no hablo ya de cómo me dejáis el puesto (si tenéis la casa igual que me dejáis el puesto, la loca de los gatos de Los Simpson se queda corta).

Pero hoy, hoy hubiese ido corriendo a daros dos besos a cada uno.

Porque hace frío.

Y el frío, mola.

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