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Vejez. No escupir hacia arriba

Por   /  04/07/2015 

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Drusila

Drusila

Los colores tienen significado simbólico creado por múltiples asociaciones, dentro de lo que se conoce como inconsciente colectivo.
Generalmente, dentro de la cultura occidental, el azul se asocia tanto con la profundidad como con la lejanía, invoca al agua y a la atmósfera. El verde vida, naturaleza, presente en bosques, esperanza en los cultivos y prados. Amarillo y anaranjado también se enlazan con vida, sol. Rojo sistemáticamente se relaciona con la sangre, por tanto con batallas y violencia, también sexualidad. Negro y violeta suelen ser colores relacionados con la muerte, perdida, luto.
Blanco, pureza y también sabiduría. ¿Porqué?, en la segunda asociación, reproduce la visión de los cabellos canosos, blancos, de las venerables cabezas ancianas.

La relación es inmediata, ya que la vejez plena fue, durante casi toda la historia humana, un tesoro difícil de adquirir. Con una expectativa de vida en el mejor de los casos de cincuenta años, y treinta en promedio, los ancianos sanos y fuertes eran raros.
Naturalmente quienes lograban semejante proeza eran depositarios de experiencia, historias, memorias, y por tanto fuente de sabiduría.
En muchas sociedades un consejo de ancianos era algo tan valioso que distintas tribus o clanes lo compartían, ya para impartir enseñanzas, ya para mediar de forma imparcial, ya para obtener justicia. Y en más de un pueblo la opinión en asuntos importantes del consejo de ancianos era la definitiva.
Por tanto, llegar a la vejez era un premio, obtención del respeto y consideración, una larga vida era útil por todo lo que podía aportar al bien común.

Los avances en medicina y ciencias varias contribuyeron activamente para que hoy día los ancianos ya no sean un raro fenómeno de destreza en sobrevivencia, ni siquiera son raros, es mas, países enteros se encuentran con el problema de tener “demasiados”.
Lamentablemente, la posición social del “viejo” cambió. En muchos casos son estorbos, descalificados, ignorados, el modo de vida los excluye sin miramientos.
Salvo aquellos astutos ancianos que guardan el poder hasta último momento, generalmente en bienes.
¡Pobre de aquel que llega a la tercera edad sin dinero, con sus afectos fallecidos y solo con sabiduría!.
Mucha tela hay para cortar en la razón de ese dramático giro, las necesidades del mercado crearon tal obsesión por la juventud, que la vejez se ve como una tara, una enfermedad temible, la vejez ya no es un logro, es un castigo.

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Y, si, es una reacción, como tantas, de alta estupidez.
La vejez es cuestión de tiempo, espera a todos, mejor dicho, a los afortunados. La única manera de eludirla es morir joven.

Ese pensamiento tan elemental parece ser ignorado, la mayoría de las personas actúan como si la vejez les fuera algo ajeno, algo que les pasa solo a los viejos, como si hubieran nacido viejos, y los demás bebieran incesantemente de la fuente de la juventud.
No, no fue descubierta, y falta mucho para que la ciencia logre algo parecido.
Dicho esto, el que denosta, descalifica, oculta, ridiculiza, margina, desatiende, maltrata, ignora a un anciano, solo prepara el camino para que las oleadas de nuevas generaciones que no hacen más que llegar, hagan exactamente lo mismo con ellos.

Ahora, en la relación del individuo con la vejez hay algo de fóbica, y es rechazo a la caducidad visible, aparente falta de futuro. Otra gran estupidez.
Definamos “futuro”.
La mayoría de las gentes lo ven como acontecimientos a suceder dentro de muchos años, sin embargo, y es una engañosa distorsión del tiempo, es futuro el próximo e impredecible segundo, viajamos en el tiempo sin cesar, el futuro es cada letra que usted va recorriendo en este artículo, cada inspiración y exaltación, nada es mas volátil, mas inasible que el presente, de hecho, el presente no existe, apenas pensamos en el ya es pasado.
Entonces, si achicamos el futuro a su dimensión real, no sabemos que pasará dentro de unos minutos, segundos, la caducidad esta ahí, en un accidente cerebro vascular, un terremoto, un ataque cardiaco, un micro meteorito dado de lleno en la testa.
Dicho esto, nadie puede asegurar si un individuo de ochenta años vivirá tranquilo y con toda su capacidad mental unos veinte años mas, y uno de treinta colapsa al fin de este día.

Vejez, soledad, tristeza, amigos que ya murieron, recuerdos de épocas que quizá no fueron felices, pero si en la retrospectiva por el hecho de haber sido jóvenes, hijos y nietos con actitud esquiva en el mejor de los casos, o mirando como si de una vetusta mascota se tratara el abuelo. Presenciar errores, tratar de advertir, y no ser escuchado, decir esto no es nuevo, yo lo viví, y ser ignorado.
Muchos ancianos se resisten a ingresar a un asilo, por más atención y comodidades reciban allí y, no es por terquedad senil, es porque no hay puerta de salida, o si, un asilo se parece en mucho a una terapia intensiva, la salida es la morgue, y en eso, la terapia intensiva tiene una ventaja, mucha gente sale por la puerta de la vida.

Algo raro sucede cuando alguien muere, y es que automáticamente pasa a ser considerado una buena persona, llena de valores y con mucho que dar.
No siempre es así, sin embargo, cuando un abuelo fallece, hijos y nietos caen en cuenta de muchas preguntas que no se les hicieron, de muchas reflexiones que dejaron pasar, de muchos consejos inteligentes que por ser dichos con voz cascada no se escucharon.
Esas familias se encuentran frente a una sensación similar a la pérdida de la Biblioteca de Alejandría, la memoria de los antepasados inmediatos, guía en acontecimientos que la historia repite en su avance en círculos abiertos, de golpe caen en cuenta de que ese viejo podía aportar más de lo creído.

La vejez no es estupidez, quizá los reflejos sean mas lentos, los pasos menos enérgicos, la voz débil, los ojos lagrimeen en un esfuerzo de enfocar la vista, pero, esa persona tiene un caudal valioso de vida, y es mas, sigue siendo una persona. Sufre, siente el vacío, sabe que si bien su dinámica de interacción es distinta sigue siendo importante.
Despreciar a los mayores de edad solo por portación de décadas es tan torpe como escupir hacia arriba, tardara un tiempo, pero el salivazo volverá sobre un rostro arrugado que fue terso cuando lo arrojó.

Sonia Drusila Trovato Menzel (Ilustración y texto)

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